ACEU

Amenazas a Líder nacional estudiantil junto a su familia.

Desde hace más de un año, estudiantes de distintas regiones del país se han dedicado a hacer un necesario análisis sobre la situación de la educación superior en Colombia, llegando a la conclusión, después de un primer acercamiento (encuentro distrital ampliado de estudiantes de la educación superior) y dos encuentros nacionales de estudiantes de la educación superior, de que la crisis que afecta a la educación pública en el país exige una respuesta contundente por parte del estudiantado, lo que llevó al llamado al gran paro nacional estudiantil desde el 11 de octubre, en donde progresivamente se fueron sumando las distintas instituciones de educación superior.

Desde ese momento, se ha dado un incremento de la movilización estudiantil y profesoral a nivel nacional. En el marco del entrante gobierno nacional en cabeza de Iván Duque Márquez, la vulneración de Derechos Humanos contra los defensores del acuerdo de paz y líderes sociales ha ido aumentando, asimismo, los dirigentes estudiantiles no han sido ajenos de amenazas que atentan contra su vida y su integridad. Este es el caso del Representante Estudiantil ante el Consejo Superior Universitario de la Universidad Tecnológica de Pereira Carlos Andrés Gómez Florez quien a través de una imagen que circula en redes sociales en donde aparece junto a su familia es amenazado con la frase “Familia que hace paro unida, la jodo unida”.

Carlos Andrés Gómez Flórez es líder estudiantil y vocero nacional de la Unión Nacional de Estudiantes de Educación Superior, ha estado comprometido con el proceso de movilización y construcción del movimiento estudiantil más de 5 años, tiempo en el cual ha sido miembro de la Asociación Colombiana de Estudiantes Universitarios (ACEU) y un dedicado estudioso de la situación de la educación superior en Colombia.

A nuestro compañero de lucha por una universidad crítica, creadora y transformadora le manifestamos todo nuestro apoyo y total solidaridad para afrontar esta situación de matoneo y amedrentamiento que pone en riesgo la integridad física y mental no sólo de él sino de toda su familia.

Al país pedimos apoyo para nuestra lucha estudiantil ante la inminente persecución y represión desatada por el Estado colombiano, nuestra lucha tiene como principio garantizar en el largo plazo la posibilidad de acceso a la educación superior de todo el pueblo colombiano en universidades plenamente financiadas por el Estado.

¡A parar para avanzar! !Viva el Paro Nacional!

 

Adjuntamos denuncia detallada de lo sucedido.

 

Persecución a estudiantes y Militarización de la Universidad de Pamplona.

Por: Redacción “La Mochila” 

Noticia en desarrollo…

Acorralan estudiantes de la Universidad de Pamplona en la “casona” lugar donde se desarrollaba una reunión del movimiento estudiantil.

Minuciosas requisas, hostigamiento dentro y fuera de la institución, seguimiento fotográfico e individualización de estudiantes son las consecuencias de la militarización que se ejerce sobre la vida universitaria y que hoy dio como resultado el acorralamiento de varios estudiantes en la “casona”, lugar donde se desarrollaba una reunión de estudiantes que se han movilizado en anteriores ocasiones exigiendo soluciones para los problemas que aquejan a la Universidad.

Fuerzas policiales y militares hacen presencia desde inicios de este semestre académico 2018-1.

Es importante recordar que el año pasado (2017) estudiantes de la universidad mantuvieron durante más de un mes un paro en el que se denunciaba y buscaba solucionar la profunda problemática de des-financiación afrontada por la institución, representada en el inminente cierre de programas por falta de acreditación institucional y necesidad de 20.000 millones más para asegurar su sostenimiento en el corto plazo, junto agravante que implica el caso de corrupción en que presuntamente se vio enredado un ex-rector, por una cifra que asciende a los 35.000 millones de pesos.

Así que, en el contexto anterior, parece ser que el redoblamiento de la seguridad y la militarización del campus corresponden a un esfuerzo por limitar toda suerte de movilización y a quienes lideran y convocan acciones de lucha en defensa de su universidad y de la educación superior pública.

Ante este escenario se exige respeto por la autonomía universitaria y el no ingreso de actores que históricamente han generado desapariciones y persecuciones a los estudiantes universitarios de todo el país. Seguimos insistiendo en la defensa de la Educación Pública como derecho y en el rechazo a la corrupción que permea las instituciones de nuestro país.

Imágenes recopiladas y compartidas por estudiantes de la universidad de Pamplona.

La Disputa por la Extensión Universitaria.

Sergio Alejandro Lancheros Cely.
“…Y el pueblo que ha triunfado, que está hasta malcriado en el triunfo, que conoce su fuerza y se sabe arrollador, está hoy a las puertas de la Universidad, y la Universidad debe ser flexible, pintarse de negro, de mulato, de obrero, de campesino, o quedarse sin puertas, y el pueblo la romperá y él pintará la Universidad con los colores que le parezca.”
Ernesto Guevara, 28 de diciembre de 1959
A cien años de alzarse las proclamas de los estudiantes de la Universidad de Córdoba para dar lugar a la primera reforma universitaria de trascendencia en América Latina, se siguen oyendo las voces de aquellos que luchan por una educación crítica y de calidad para todos y todas. Este hecho significó una considerable tendencia hacia al activismo estudiantil en Latinoamérica y el mundo entero, a la par que se ampliaba la acción reformista en diferentes países y se consolidaban los principios abanderados por los estudiantes cordobeses: la autonomía universitaria, el cogobierno, la extensión universitaria, la libertad y la periodicidad de las cátedras, etc.
Uno de los baluartes del Manifiesto de Córdoba fue que posibilitó pensar la articulación de la universidad con la sociedad. De un paradigma en el que se veía a la universidad como un conjunto de claustros aislados de la sociedad, en los que se impartía el conocimiento de una manera rígida y acabada al servicio de las élites dominantes e ilustradas se pasó a una concepción de la universidad como el centro de producción de la diversidad del conocimiento, en donde se formaban profesionales provenientes de distintos sectores, con la vocación de afrontar las problemáticas de la sociedad y comprometidos con la vida nacional. El principio de extensión universitaria consagra precisamente esta idea bajo la concepción de acercar a la universidad y a los estudiantes al conjunto de la sociedad, pese a que su interpretación ha estado sujeta a múltiples discusiones.
Justamente el objetivo de este texto es demostrar que la extensión ha sido subestimada dentro de las funciones sustantivas de la universidad (docencia, investigación y extensión), y lo que es peor aún, hoy en día su concepción ha sido desfigurada al punto de vincularla con las expectativas empresariales y con un enfoque de prestación de servicios. Asimismo, teniendo en cuenta que la extensión es un instrumento de la interacción de la universidad con su entorno, de la solución de las problemáticas sociales y de la vida nacional, nos aproximaremos a un entendimiento de la extensión universitaria opuesto a tal enfoque economicista, privilegiando su función social y viéndola a la luz de la disputa por la definición del rol de la educación, del servicio de las clases menos privilegiadas y de la solución de los problemas reales de la sociedad. Con motivo también de la celebración del sesquicentenario de la Universidad Nacional de Colombia, plantearemos el problema de la extensión universitaria en la realidad de esta institución con ejemplos claros como el de la situación de los grupos estudiantiles de trabajo.
Ya hemos dicho que el término “Extensión Universitaria” es uno de los pilares fundamentales del manifiesto de Córdoba y hace referencia a la forma en la que se articula la universidad con la sociedad y en la que, particularmente, la primera busca trascender de sus fronteras institucionales para ampliar su margen de acción sobre la segunda. No obstante, a lo largo de la disputa por la definición de la educación y el modelo que esta debe seguir, se ha comprendido con diferentes matices tal concepto, lo que Cano (2014) denomina como “polisemia constitutiva de la noción de extensión” (p. 4). Al menos con la aparición de la universidad moderna la lucha tiene como contendores, en primer lugar, la imagen de la universidad como la piedra angular del mercado y el gran capital, de los sectores empresariales o financieros, para posicionarla como una prestadora de servicios, basada en una forma de conocimiento específica (técnico o educación para el trabajo); o por el contrario, una universidad enfocada en la construcción de tejido social, en la atención de los problemas y realidades de la humanidad, en la producción de conocimiento en diferentes áreas del saber con un objetivo social, en la atención de las capas más vulneradas de la comunidad y en la edificación de una sociedad más justa.
En primer lugar, la extensión universitaria se encuentra en el marco de las funciones sustantivas de la universidad, las cuales se han plasmado comúnmente en los fines misionales de las mismas. Podemos identificar por lo menos tres funciones sustantivas: investigación, docencia y extensión (Vega, 2002, p. 28). A su vez, la profesora Magdalena Fresán (2004) nos dice que se han utilizado términos como el de la extensión universitaria, extensión cultural y preservación y difusión de la cultura de manera indistinta, por lo que Ruiz Lugo (citado en: Fresán, 2004, p. 48) nos ayuda a resolver esta maraña conceptual dividiendo esta función en dos vertientes: extensión cultural que busca propagar y difundir las manifestaciones artísticas, incluso científicas; y extensión de los servicios o universitaria que incluye servicios a la comunidad, asistenciales o académicos, con servicios de apoyo a la docencia e investigación, clínicas y servicios a estudiantes, básicamente recreación y deporte.
Sin embargo, recalcando la posición expuesta en este trabajo, la extensión sólo se puede entender a la luz de la disputa por la definición de la educación y por la instalación de modelos universitarios que expresan “los diferentes modos en que la universidad organiza, en diferentes coyunturas histórico-sociales, su compromiso con los procesos sociales, culturales, económicos y políticos de su contexto” (Cano, 2014, p. 4), así como la posición que ocupa esta función dentro de la triada docencia-investigación-extensión. Por lo mismo, podemos abarcar una gran cantidad de actividades de extensión como la difusión cultural y artística, la prestación de servicios empresariales y tecnológicos, campañas socio-educativas, acciones de educación y solidaridad popular, etc. Independiente de esto, el núcleo de esta cuestión son las actividades más allá de los muros de las instituciones o las relaciones entre docentes, estudiantes y el conocimiento producido con la sociedad, o grupos de ella, puesto que:
La extensión se justifica históricamente a partir de la necesidad de estimular la proyección extramuros del saber universitario, con el fin de contribuir a la educación y al desarrollo integral de los estudiantes. Esto dio como resultado que en un principio se concibiera que la educación debería contribuir a reducir las diferencias sociales, y más adelante, a partir del crecimiento de la economía, se consolidó la necesidad de vincular la academia al conjunto del desarrollo económico. (Ortiz y Morales, 2011, p. 354)
Siguiendo esta misma línea, las profesoras Ortiz y Morales (2011) hacen una revisión de lo que podríamos denominar como “modelos de extensión” a partir de varios autores como Gonzalo Serna, Mercedes González y Ramón González. Podemos identificar por lo menos tres modelos: Un modelo tradicional por el cual los estudiantes se erigen como portadores del conocimiento que la universidad posee, transmitiéndolo desinteresadamente a la sociedad; un modelo economicista o empresarial, que busca poner el conocimiento al servicio de las empresas y del mercado, derivando en organizar los sabes según su rentabilidad; y, finalmente, un modelo concientizador o de desarrollo integral, que implica tener como objetivo la democratización del conocimiento, la transformación social, el mejoramiento de la calidad de vida de los pueblos y un gran despliegue del pensamiento crítico junto al activismo político. Nos concentraremos en estos dos últimos modelos ya que son objeto de la discusión contemporánea sobre este tema.
El modelo empresarial o economicista nace a mediados de las décadas de los setenta y ochenta cuando tiene lugar el desmontaje del Estado de Bienestar y todo el conjunto de transformaciones sociales, culturales, políticas y económicas que sostienen las nuevas políticas de profundización de una economía de mercado. Tras un conjunto de conferencias que trataban específicamente el tema de la extensión, organizadas por la Unión de Universidades de América Latina (UDUAL) en la década de los setenta, tuvo lugar la Segunda Conferencia Latinoamericana sobre Extensión y Difusión Cultural en 1972 en México, la cual giró en torno a reemplazar la interpretación asistencialista o paternalista de la extensión en la que la universidad extiende sus brazos a los sectores menos favorecidos, por una definición de la misma que tenía que ver más con una idea de la educación como un subsistema social en medio del global sistema social, en dónde ambos sistemas se apoyan mutuamente y dónde la extensión actúa interactivamente y con mayor participación por parte de la comunidad (Ortiz y Morales, 2011, p. 352).
Si bien es importante recalcar el papel activo que deben jugar las comunidades y la sociedad en este proceso, este enfoque sirvió para desprestigiar el papel del Estado en la garantía de la educación, desembarazándolo de esta responsabilidad en detrimento de lo público, y abriendo las puertas del sistema educativo al mercado. De entrada vemos que este modelo tiene una tendencia a desplazar el estatus de la extensión universitaria, o al menos aquellas actividades que no resultan tan funcionales o rentables para el mercado, dejando a esta función sustantiva en un vaivén entre la inoperancia y la instrumentalización, e incluso su sujeción y pérdida de autonomía frente a la docencia o la investigación (Ortiz y Morales, 2011, p. 353). Incluso, la expansión de este modelo suele ser considerada como uno de los obstáculos de la extensión universitaria puesto que:
[…] La Extensión es vista como un complemento, como una prestación de servicios sociales con carácter asistencial. […] Para los analistas de la universidad en los países desarrollados, los nuevos paradigmas tienden, además de ver la Extensión como la prestación de un servicio, a identificar el vínculo Universidad-Sociedad en la perspectiva de la relación Universidad-Industria y Universidad-Empresa a partir de una concepción neoliberal. (Vega, 2002, p. 30)
Incluso, la misma denominación de dicho esquema de extensión admite preferiblemente intereses económicos a contrapelo de su función social, lo que no tiene en cuenta que la infinidad de problemas y realidades en la sociedad va mucho más allá de los procesos productivos, de las innovaciones técnicas y tecnológicas o de las funciones empresariales, que incluso en si mismo deberían cuestionarse todas estas actividades por su función social. En esa medida, es difícil reconocer que los intereses de los sectores financieros y empresariales puedan identificarse con lo que conocemos como las necesidades sociales en su conjunto; muy en contravía, nosotros lo planteamos como un antagonismo irresuelto. Dentro del conjunto de actividades de extensión que se dan bajo este modelo podemos reconocer: “consultorías, financiación de investigaciones de desarrollo tecnológico, creación de posgrados adecuados a las necesidades empresariales, programas de educación continua, etc.” (Ortiz y Morales, 2011, p. 353).
En la misma vía de cuestionarnos por la importancia de la extensión universitaria y por la necesidad de un estrecho vínculo universidad-sociedad, parece también urgente revalidar la tesis por la cual los problemas y realidades de la universidad no son ajenos a los procesos sociales, económicos y políticos generales de una sociedad específica en un momento determinado de la historia. Es por ello que la educación como cuestión amplia tiene que verse necesariamente desde la óptica de una conflictividad por definir el papel de la misma en el seno de la sociedad, así como por establecer un sentido común sobre todos los aspectos de la vida social, es decir, así como el modelo de extensión empresarial-economicista responde a la ofensiva de los grandes sectores del capital y al tipo de sociedad que se consolidó con esto, en cualquier momento de la historia la educación puede cambiar de sentido según sean los intereses que se impongan en medio de esta disputa y la realidad que viene aparejada consecuentemente con la marcha incesante de las dinámicas y los procesos sociales.
Lo dicho anteriormente tiene sentido en la medida en que intentamos resolver el interrogante ya citado sobre si los intereses de las empresas los podemos poner en el mismo nivel de las necesidades de la sociedad en su conjunto. En primer lugar, ya hemos dicho que el modelo de universidad al que asistimos hoy es un fiel retrato de la arremetida de las políticas neoliberales de finales del siglo pasado e inicios de este, junto con el tipo de sociedad impuesta por la globalización neoliberal. Pero, más específicamente, responde a que estos sectores del gran capital en dicha conflictividad social han logrado posicionar sus intereses e incluso hacerlos pasar como los intereses de la sociedad. De allí proviene que la universidad incorpore en sus programas, en sus fines misionales, en sus principios institucionales, en su normatividad, etc., un catálogo de características con el sello empresarial y con la impronta de la idea del conocimiento para la producción y la acumulación. Al confundirse entonces los fines y principios de la universidad con los intereses del mercado vemos cómo se tiende a desplazar el compromiso social de la misma y, por ende, el fin sustantivo de la extensión se pone en tela de juicio o se modifica según sea necesario. Como muy acertadamente lo dice Cano (2014):
De algún modo, la destitución de la idea de compromiso social como inherente (obvia) a la idea de universidad, está vinculada – puede pensarse – al agotamiento social de la posibilidad misma de imaginación radical de alternativas en “la invención del mundo en que se despliegan”, al menos con las características con que esto había sucedido durante el siglo XX. Se trata de los efectos del comedido “fin de la historia” fukuyamiano, la pretendida naturalización de la globalización neoliberal, la economía de mercado y la democracia capitalista como único horizonte posible, a través de la consolidación en el plano de la subjetividad de lo que Rebellato definió como un “fatalismo ético”, que es también una ética de la desesperanza, el individualismo y la resignación. Desde esta perspectiva, la crisis del compromiso social universitario es en última instancia la crisis de alternativas sociales capaces de tensar a la universidad en su compromiso. El agotamiento del compromiso social universitario es, en este sentido, indisociable del agotamiento de las perspectivas históricas de cambio social que estuvieron operativas en el siglo XX. (p. 20)
Por tanto, la transformación del modelo universitario respondió al triunfo al menos temporal de la globalización neoliberal puesto que al igual que en la sociedad en general, logró imponer un discurso y una lógica cultural (Jameson, 1991), lo que implicaba por ejemplo un agotamiento de la cuestión social o una imposibilidad e inercia de la emancipación y la crítica al no existir cabida para otros mundos posibles. Teniendo en cuenta que autores como Jameson plantean que el posmodernismo es el conjunto de valores estéticos y culturales que responden a las transformaciones del capitalismo tardío o neoliberalismo, Lyotard (2006) nos dice que en la posmodernidad existe un cambio del estatuto del conocimiento “ahora forjado en la dinámica de los flujos de información y los juegos de lenguaje y tendencialmente legitimado y validado según criterios de performatividad económica” (Cano, 2014, p. 22), por lo cuál podríamos decir que la universidad se tiene que adaptar necesariamente a estos nuevos discursos o entraría en decadencia al no admitir otra forma para enfocar y utilizar el conocimiento. Dicho de otra forma:
En la actualidad, los discursos hacen eco de conceptos de rentabilidad, competitividad, efi- ciencia e impacto, incorporados desde contextos mercantiles y financieros. Pareciera entonces que asistimos a un cambio en la cosmovisión, en el que las dinámicas y el lenguaje de las empresas se adoptan como horizonte de sentido sin mayor cuestionamiento, y en la que se transforman los discursos y las relaciones: los ciudadanos pasan a ser clientes, incluso en el contexto de la educación. (Gómez de Mantilla y Figueroa, 2011, p. 138)
Otra de las consecuencias inherentes a este modelo de extensión hasta ahora analizado es que no sólo se extiende la idea de una universidad para el mercado, por tanto mayoritariamente privada, en detrimento de la educación y de las instituciones públicas, sino que se legitiman también las políticas educativas que “en un marco de austeridad y de redefinición de la función del Estado, proponen, entre otros, que los entes universitarios contribuyan con sus recursos propios a financiar en una proporción cada vez mayor sus gastos” (Malagón, 2001, p. 109). Lo anterior tiene como consecuencia al menos dos escenarios: En primer lugar, las actividades de extensión pueden verse afectadas e incluso recortadas por la falta de una inyección presupuestal a la universidad, especialmente en el caso de las instituciones públicas; y por otro lado, como la universidad necesita otra fuente de ingresos en este contexto para sostener la base de su funcionamiento, como el caso de la investigación, se amplia la oferta de servicios académicos remunerados pero perdiendo la esencia social de la extensión en favor ya sea de aumentar los recursos de las universidades o de una idea de rentabilidad empresarial (Malagón, 2001, p. 109). De nuevo aquí la extensión juega un papel subordinado e incluso instrumentalizado respecto a la docencia y la investigación. Malagón (2001) pone este problema en los siguientes términos:
Este contexto trae profundas consecuencias para comprender la práctica de extensión dentro de los lineamientos de la Misión de la Universidad. En primer lugar, hay que señalar la inconveniencia de una respuesta espontánea frente a las exigencias del mercado, por cuanto la posibilidad de determinar líneas de convergencia con la investigación y la docencia se hace obviamente más problemática, aumentando los riesgos de subordinación del proyecto institucional y académico de la Universidad a las necesidades y fines utilitarios por parte de los agentes sociales. En segundo lugar, las posibilidades de autorregu1ación frente al mercado se encontrarían restringidas en ausencia de un tipo de dirección que permita, incluso, que la Universidad avance sobre la construcción de nuevos mercados para sus servicios, orientando su acción sobre los grandes problemas nacionales. (p. 110)
Estas dificultades del dominante modelo empresarial o economicista de la extensión universitaria nos llevan primero a cuestionarnos sobre el rumbo de esta y luego a plantear posibilidades para una extensión que recobre su función social y que además incorpore un sentido de la transformación y de la correspondencia con las complejas problemáticas sociales. Plantearnos el tema de la extensión implica que además de fijarnos por los problemas al interior de las universidades como la infraestructura, la investigación, la docencia, la innovación, el financiamiento, la democracia universitaria, etc., también hay que mirar y poner nuestra atención en lo que sucede un paso más allá de los muros de las instituciones educativas. Incluso, pensar al mismo tiempo en el interior y en el exterior nos lleva a pensar en cuál es el tipo de educación superior que necesita la sociedad y cómo debe articularse en un sistema complejo que abarque a todos los sectores sociales, en especial a las clases menos privilegiadas, y que responda a las necesidades nacionales.
La reforma universitaria de 1918 dice Múnera (2011) que tiene por lo menos cuatro objetivos principales: 
Democratización en el ingreso a la universidad y apertura de la misma hacia todos los sectores sociales; instauración de la cátedra y la asistencia libres, y selección y evaluación de los docentes de acuerdo con reglas públicas predefinidas; democratización del gobierno universitario y participación decisiva en él de los estudiantes y los graduados; y vinculación de la universidad con el pueblo y la vida de la nación. (p. 9)
Al respecto del último objetivo, la reforma y el manifiesto de 1918 nos deja la primera impresión de una universidad que debe responder a las necesidades y problemas de su época debido a que, además de dejarlo plasmado en tal escrito, hay tres hechos que lo corroboran: En primera instancia la chispa que detonó esta insurrección fue el descontento de un sector muy particular de la sociedad, las clases medias y bajas, especialmente inmigrantes, con un sistema educativo diseñado por las élites; asimismo, las reivindicaciones de los estudiantes cordobeses no sólo se encuentran en el plano educativo o académico, son exigencias de carácter político-social; y en consecuencia con lo anterior, lo que se pedía en últimas era la transformación del modelo universitario para que éste realmente respondiera a las realidades de sus tiempos como lo es la modernización en muchos ámbitos de la vida (Roca, 1918). Por tanto, este es un hito para la extensión universitaria que acercaba a los estudiantes a las comunidades, convirtió incluso a Latinoamérica en un referente de extensión en el mundo:
De esta suerte, el movimiento agregó al tríptico misional clásico de la Universidad un nuevo y prometedor cometido, capaz de vincularla más estrechamente con la sociedad y sus problemas, de volcarla hacia su pueblo, haciendo a éste partícipe de su mensaje y transformándose en su conciencia cívica y social”. Acorde con esta aspiración, la Reforma incorporó la extensión universitaria y la difusión cultural entre las tareas normales de la Universidad latinoamericana y propugnó por hacer de ella el centro por excelencia para el estudio científico y objetivo de los grandes problemas nacionales. (Citado en: Ortiz y Morales, 2011, p. 351)
 
Uno de los objetivos y desafíos a los que se debe enfrentar la extensión universitaria es justamente a la recuperación del compromiso y el sentido social que se heredó del movimiento cordobés. Esto nos lleva a pensar en la alternativa al modelo empresarial o economicista que ya denominamos modelo concientizador o de desarrollo integral. Precisamente esta interpretación de la extensión incorpora la necesidad de la transformación social y de los mecanismos de análisis crítico y activismo político que lo posibiliten. Esto con el objetivo de realmente responder a las necesidades de la sociedad en su conjunto y así propender por la democratización del conocimiento, por la mitigación de las problemáticas sociales y por la construcción de una sociedad más justa y equitativa (Ortiz y Morales, 2011). En un primer renglón entonces, nos debemos preocupar por dar a la extensión el puesto que realmente debe ocupar en las instituciones de educación superior en tanto artífice de la articulación con la sociedad y, por tanto, recomponer una relación más interactiva entre la docencia, la investigación y la extensión universitaria. Como comprende Vega (2002) sobre la extensión integradora del quehacer universitario:
Para que la universidad, como institución académica, pueda cumplir su encargo social (preservar, desarrollar y promover la cultura de la sociedad) tiene que desarrollar un sistema de interacciones recíprocas con la misma que engloba necesariamente a las misiones de la universidad, entiéndase docencia, investigación y extensión. A cada una corresponde un conjunto de esas interacciones; ellas parten y se nutren del referente social y sus resultados se revierten en ellas; el componente extensionista se convierte, a partir de su práctica, en el elemento dinamizador que facilita el flujo continuo de conocimientos compartidos entre la universidad y la sociedad, que los enriquecen mutuamente. (p. 30)
Muy a contrapelo de un sistema educativo y de extensión funcional para el mercado, en la vía de la lógica de la consultoría, caracterizada por el desdibujamiento del sentido social a causa de que se ve a la misma como un mecanismo que genera mayores ingresos para cubrir el déficit presupuestal que causa la falta de inyección financiera a las instituciones educativas, lo que se propone es un modelo de extensión que permita reflexionar de manera crítica la realidad social y nacional, y sobre el papel del conocimiento en este proceso de transformación social. Es una extensión universitaria en la que tanto docentes como estudiantes participan activamente y crean procesos de aprendizaje y diálogo con las comunidades y con los distintos grupos sociales, resolviendo distintas temáticas sociales a partir de proyectos estratégicos.
En el caso de la Universidad Nacional de Colombia, el sistema de extensión universitaria se encuentra reglamentado por el acuerdo 036 de 2009, por el cual se establecen los principios, las modalidades, la estructura interna y las reglas de la extensión universitaria. Allí se dice primeramente que, de acuerdo con el artículo 2 del Decreto 1210 de 1993 por el cual la Universidad Nacional debe adelantar actividades de extensión para hacer partícipes de los productos del ejercicio académico a los diversos sectores sociales con una responsabilidad social, empresarial y ambiental:
La Extensión es una función misional y sustantiva de la Universidad, a través de la cual se establece una interacción privilegiada y recíproca entre el conocimiento sistemático de la academia y los saberes y necesidades de la sociedad, y de las organizaciones e instituciones que hacen parte de ella. Esta relación entre la Universidad y su entorno se debe reflejar en la ampliación del espacio de deliberación democrática y en el bienestar de las comunidades. Con la Extensión se cualifican la ciencia, la tecnología, el arte y la cultura. (p. 2)
En la Universidad Nacional se ha reconocido la diferencia entre extensión solidaria y extensión remunerada como lo podemos notar dentro de las líneas generales de la política en el punto 9, cuando se dice que las actividades de extensión “Contribuirán a la financiación y el desarrollo de los proyectos de extensión solidaria de la Universidad” (Universidad Nacional de Colombia, 2009, p. 4). Asimismo, cuando dentro de las modalidades de extensión se dice de la extensión solidaria que:
Comprende los programas y proyectos científicos, tecnológicos, artísticos y culturales de alto impacto social, que se desarrollan y financian total o parcialmente con recursos de la Universidad. Por medio de esta modalidad se integran los distintos campos del conocimiento y se estrechan vínculos con diversos sectores de la sociedad en busca de la inclusión social de comunidades vulnerables. (Universidad Nacional de Colombia, 2009, p. 6)
Tanto Malagón como Gómez de Mantilla y Figueroa reconocen que esta diferencia entre extensión solidaria y extensión remunerada además de ambigua resulta profundamente nociva. En el caso de Gómez de Mantilla y Figueroa (2011), nos dicen que esta es una falsa dicotomía pues tanto la remunerada como la solidaria “se mueven en el contexto de la generación no sólo de capitales económicos, sino simultáneamente de capitales académicos y sociales que no siempre son apropiados institucionalmente” (pp. 113-114). En la misma vía, Malagón (2001) afirma que esta es una distinción meramente administrativa, en la que la extensión solidaria pretende organizar bajo el proyecto ilustrado la sociedad, así como erigir la universidad como la verdadera y única portadora del conocimiento, mientras que la extensión remunerada tiene una vocación meramente utilitaria y tendiente al mercado, es decir:
La extensión universitaria no puede concebirse como el desarrollo de acciones cívicas adelantadas por estudiantes y profesores universitarios, ni como actividades organizadas desde la Universidad con fines rentísticos, ni solamente como conjuntos de actividades orientadas a despertar el interés de los grandes sectores de la población por la ciencia, o como programas de divulgación masiva de los avances científicos y tecnológicos, sino como una política institucional de interacción con la comunidad nacional que vincule y dinamice la investigación y la formación, asegurando la participación social y política de la Universidad, sin que ella pierda ni su autonomía ni su especificidad. (p. 111)
Por lo tanto, la extensión universitaria dentro de la universidad nacional debe tomar distancia de esta dicotomía entre tipos de extensión, así como reflexionar sobre la participación efectiva de los estudiantes dentro de la estructura interna del sistema de extensión o sobre si la extensión tiene una función académica o social, o por el contrario, responde a una lógica de autofinanciamiento de la universidad para tapar el hueco fiscal que deja la falta de inyección presupuestal por parte del Estado.
Una propuesta clara para fortalecer un sistema de extensión universitaria de desarrollo integral dentro de la universidad es apostarle con más fuerza a proyectos como el los grupos estudiantiles, por los cuales los estudiantes junto a los profesores cuentan con un espacio de formación y autoformación a partir del desarrollo de sus intereses y del contacto con las comunidades y los grupos sociales, generando un diálogo sobre los problemas y realidades de la sociedad y la nación colombiana. Para ello se hace necesario un fortalecimiento del sistema de Bienestar acorde a los diferentes proyectos que realicen los estudiantes, en diferentes áreas y con diferentes temáticas. Todo lo anterior teniendo en cuenta dos ejes: la interacción dinámica y constante entre la universidad y los grupos sociales, en una perspectiva de transformación y progreso social, y un distanciamiento profundo de la extensión como servicios para la remuneración y el sostenimiento de las universidades, que lleva a perder la esencia misma de la extensión universitaria.
Conclusiones
José Agustín Cano (2014) nos dice que:
La extensión universitaria se construye en este campo de disputa, y constituye a sí misma un espacio de conflicto. La pregunta por el compromiso social de la universidad como analizador de este conflicto, permite visualizar las tensiones entre los sentidos que las fuerzas en disputa pretenden imprimir a las significaciones sobre qué es una universidad comprometida: ¿con qué, con quienes, para qué?. (p. 23)
Por tanto, así como la educación o el sistema educativo, la extensión universitaria es una idea en disputa que responde tanto a los procesos económicos, políticos y sociales generales como a las distintas fuerzas que intentan imponer una visión común sobre el mundo social. Independiente de ello, la extensión universitaria hace parte de los fines sustantivos de la universidad (docencia, investigación y extensión universitaria) y nos lleva a preguntarnos por el vínculo entre la sociedad y la universidad, y por las realidades que acontecen por fuera de los muros de las instituciones educativas.
Podemos encontrar por lo menos dos modelos que hoy en día se disputan el deber ser de la extensión universitaria: Un modelo empresarial o economicista que ancla la extensión al juego del mercado e implanta una idea de la universidad empresarial, de la universidad privada y de la universidad que tiene sus propias fuentes de recursos; mientras que por otro lado encontramos el modelo concientizador o de desarrollo integral, por el cual se busca una mayor democratización del saber, la solución de las problemáticas sociales y la atención de las clases menos privilegiadas, a través de su vinculación a un potencial transformador y crítico de la sociedad.
El manifiesto de Córdoba o la reforma de Córdoba de 1918 ponen por primera vez a la extensión como uno de los horizontes de la universidad e incluso lleva a distinguir a las universidades latinoamericanas por su vocación hacia este fin sustantivo. En el caso de la Universidad Nacional de Colombia, la extensión universitaria se ha desdibujado debido a la diferenciación entre extensión solidaria y extensión remunerada, pero encontramos alentadores ejemplos de extensión universitaria como lo pueden ser los grupos estudiantiles los cuales hay que rescatar como referentes de formación y autoformación de los estudiantes, a partir del desarrollo de sus intereses y del contacto con las comunidades y los grupos sociales, generando un diálogo sobre los problemas y realidades de la sociedad y la nación colombiana.

Bibliografía
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Tres décadas de dolor

Hace 30 años el país se vio afectado por una ola de violencia paramilitar que dejó el rastro de cientos de personas muertas, entre ellas luchadores sociales y militantes de la vida. Hoy rescatamos la historia de compañeros; estudiantes y profesores de la Universidad de Antioquia que fueron silenciados por creer en un cambio y una transformación en la sociedad.

Antioquia ha sido uno de los departamentos que más víctimas ha puesto en una guerra emprendida por bandas paramilitares, teniendo como centro del conflicto la urbe metropolitana, Medellín. En 1987, la ciudad se vio enfrentada a la violencia ejercida por el clan Castaño; Carlos Castaño el menor de los dos hermanos había puesto su atención en la Universidad de Antioquia, siendo un lugar de convergencia entre diferentes sectores de la sociedad. Esta institución se había convertido en un espacio de formación y de trabajo político donde defensores de derechos humanos, militantes de la Unión Patriótica, del partido comunista y de la juventud comunista desplegaban su trabajo buscando una reivindicación de los derechos del pueblo.


Estos asesinatos fueron realizados de manera sistemática, con hojas de ruta de los profesores y estudiantes de la universidad. En el mes de agosto de 1987 se da inicio a la persecución dejando en pocos días el saldo de 7 estudiantes muertos, frente a estos hechos y como muestra de rechazo se realizó una movilización nombrada “la marcha de los claveles rojos” la cual encabezaba una gran figura que ha dejado la universidad, Héctor Abad Gómez, hombre que generó un gran impacto en la ciudad y en el país por su defensa hacia los derechos humanos, siendo esto también el boleto hacia la muerte.

Días después de realizada la movilización los asesinatos se volvieron a presentar contra profesores de la universidad, los meses siguientes fueron meses de terror y miedo dentro de la institución. En el mes de Noviembre y no como acto aislado de los hechos ya mencionados, muere una estudiante de la Universidad de Antioquia en un acto de masacre emprendida contra militantes de la Juventud Comunista Colombiana, siendo asesinados en la entonces sede de la JUCO en el centro de Medellín, junto a Luz Marina Ramírez cinco militantes, solo dos sobrevivieron.

A pesar de los múltiples intentos por parte del Estado y el para-Estado de acallar las voces de los líderes y luchadores sociales, las organizaciones y los estudiantes de la Universidad de Antioquia no han cesado en sus luchas y banderas de reivindicación al derecho de la protesta y de la diversidad de pensamiento, incluyendo las ideologías que propugnan los sectores que en estos espacios se desenvuelven.

“Mi voz la que esta gritando
Mi sueño el que sigue entero
Y sepan que solo muero
Si ustedes van aflojando
Porque el que murió peleando
Vive en cada compañero,
Por nuestros muertos ni un minuto de silencio…”
-Milonga Del Fusilado de Los Olimareños.

Esta consigna se ha convertido en el himno del recuerdo, en cada acto conmemorativo y de reivindicación está presente demostrando que en la memoria colectiva vive el recuerdo de los luchadores y militantes que fueron silenciados por el fusil paramilitar. No serán olvidados aquellos que murieron luchando por una convicción, la convicción de la vida justa y digna.

Desde la Asociación Colombiana de Estudiantes Universitarios Recordamos a: Edison Castaño, José Abad Sánchez, Jhon Jairo Villa, Yowaldin Cardeño y Gustavo Franco, así como el profesor Darío Garrido, Francisco Gaviria, Luz Marina Ramírez, Irían Suaza, María Concepción Bolívar, Pedro Sandoval, Orfelina Sánchez, José Ignacio Londoño Uribe, Carlos López Bedoya, Pedro Luis Valencia Giraldo, Leonardo Betancur Taborda, Luis Felipe Vélez Herrera.
Y a todos aquellos que creyeron que un nuevo país es posible, ya que no nos alcanzarían las hojas para escribir los nombres de cada uno de esos líderes, padres, hermanos y estudiantes que se fueron y quedaron presentes en nuestros corazones y nos dan la fuerza para seguir adelante en la construcción de un país en paz y con justicia social.

Entre consensos y disensos: la nacho se pone las pilas

Por: Leonardo Gachancipá Fajardo.

Antes de plantear la cuestión fundamental del presente documento, que tiene por objeto analizar y comprender los distintos escenarios de participación y movilización planteados a razón de la propuesta de Reforma al Estatuto Estudiantil 044 de 2009 en la Nacho, su desarrollo, su perspectiva, su acogimiento y sus mecanismos de acción y presión, me permitiré esbozar brevemente los que, a mi juicio y con respecto al proceso de estudio adelantado junto a algunas personas cercanas, son los elementos críticamente regresivos de la propuesta de Reforma, que a priori está cargada de la ausencia del estudiantado en su construcción, lo que la convierte desde un principio en regresiva.

La propuesta de Reforma sirve como una respuesta de la administración a la transformación de la comunidad estudiantil durante los últimos ocho años. Está claro entre esta última que una reforma es esencial en estos momentos en la Nacho. Sin embargo, a través de jornadas pedagógicas, se logró visibilizar la falta de conocimiento de las personas con respecto a la Reforma propuesta por la Comisión Técnica, encargada del diseño de la misma. De esta manera, se logró delimitar los puntos críticos que se volvían lesivos, lograr una mayor cohesión en el estudiantado y poner una sola voz que argumentara las falencias en materia disciplinaria y en materia de Bienestar. Así pues, se logró convergencia al esgrimir que:

  1. La Reforma lleva consigo una carga negativa con respecto a la inserción y participación de la comunidad universitaria en su construcción. Por esta razón, es más que razonable la idea de que la Reforma es inviable a toda vista, de no tener antes un proceso democrático y participativo de construcción conjunta.
  2. La Reforma retrocede en materia de garantías de participación, al limitar los espacios gremiales (como lo son Asambleas, Consejos de Facultad, Coordinadoras Inter-facultades) y subraya la “representatividad” de los delegados, centrando la voz del estudiantado sólo en la voz de quién lo representa.
  3. En materia disciplinaria, podemos agregar la trasposición burocrática que se le da al tratamiento de los conflictos, por lo cual se eliminan los Comités de Resolución de Conflictos y Asuntos Disciplinarios (CORCAD) y se elevan todos los asuntos disciplinarios a una instancia superior de Sede, en la que se represarán y se hará una dilatación de los procesos disciplinarios.
  4. Aunque hay avances al considerar el abuso sexual como una falta gravísima, comprendiendo el acceso carnal violento, se le da el tratamiento de falta conciliatoria al acoso sexual, por lo cual se lleva a la víctima a tratar con su acosador, cuando este proceso debería tramitarse directamente como falta gravísima, y pasar a instancias superiores de decisión; es necesario entender que no podemos continuar permitiendo estos comportamientos y estas agresiones en la universidad. Cabe resaltar que esta solución conciliatoria, está explícitamente delimitada a la mujer, por lo que a su vez se desconocen los hombres y las distintas manifestaciones de acoso contra algún o alguna integrante de la comunidad universitaria.
  5. Se prohíbe la venta o comercialización informal de productos en la universidad, de la mano con la sujeción presupuestal del Bienestar, y las reducciones presupuestales que ya hemos podido evidenciar en el Programa de Gestión de Proyectos (PGP), por lo que se actúa en detrimento de los estudiantes que se mantienen con ventas informales, a la vez que no se asignan los recursos pertinentes para que los estudiantes puedan solventar su vida académica.
  6. Se hace explícita la sanción ante el bloqueo o la interrupción de las actividades académicas, así como los distintos espacios de protesta, presión y movilización que utilizan los estudiantes para conquistar ganancias en materia de derechos y garantías.

Ahora bien: desde el día lunes 8 de mayo en horas de la tarde, en la Sede Bogotá se encontraban bloqueados los edificios de Ciencias Humanas, Sociología, Derecho, y posteriormente, desde el día miércoles, se encontraron con bloqueos intermitentes y definitivos algunos los edificios de Odontología, Aulas de Ingenierías, Ciencias Económicas, así como cierres administrativos parciales en los edificios de Registro y Rectoría, mientras las Sedes Andinas (Manizales, Medellín) se manifestaban en Asamblea Permanente y cese de actividades total, a la vez que se realizaban en distintas facultades Asambleas, a la espera de la reunión del Consejo Superior Universitario el día 9 de mayo en la que se expondrían, por parte del representante estudiantil, los puntos de exigencia a los que había llegado la confluencia de estudiantes que se presentaron a la Asamblea de Sede del día jueves 4 de mayo, dada en el Auditorio León de Greiff, lugar que ha sido garantizado por el estudiantado para la realización de los diferentes espacios de discusión sobre la Reforma.

Decenas de estudiantes organizados y no organizados empezaron a pararle bolas a la Reforma. Los diferentes bloqueos e interrupciones académicas sirvieron como mecanismo para garantizar la asistencia del estamento a los espacios asamblearios, en los que se pretendía discutir la posición que se tomaría en diferentes niveles de decisión dentro de la Universidad. Fue gracias a la acción que algunos consideraron abrupta de los estudiantes, impositiva, que ahora pudimos volver a escuchar ese corrillo en el que “el león vuelve a rugir”, haciendo pertinente alusión a la gran aceptación y participación de la comunidad estudiantil para copar de nuevo el gran Auditorio. Con las uñas, durmiendo después de largas jornadas de discusión, preparación y movilización, haciendo “sancochito vegetariano” en la madrugada, a punta de caldo Maggi, arroz, yuca y arracacha, y levantándose para continuar insistiendo, “mamerteando”, estudiante tras estudiante llegaba a acompañar las tomas pacíficas que se presentaron a lo largo de la semana. Estableciendo normas de convivencia elementales, y haciéndolas cumplir sin caer en rigideces o dictados draconianos. Ahora veíamos una fuerza real, una coyuntura latente: en las paredes de la Nacho empezaban a aparecer rayones, marcas, murales de rechazo a la reforma, y por todo lado ya retumbaba la voz del estudiantado. Los profesores se manifestaron, así como los trabajadores, a favor de nuestra justa lucha.

Tras la respuesta del CSU de alargar la sesión del 12 de junio, en la que se aprobaría o rechazaría en segunda instancia la Reforma, hasta el 2 de Octubre, atendiendo a la disposición de recibir “conceptos y opiniones”, más no haciendo una invitación directa a la participación y construcción conjunta de la Reforma por parte de los estamentos y del estudiantado en específico, como se había interlocutado en las Asambleas con el Representante al CSU, el estudiantado quedó en un ambiente de incertidumbre inmenso, en el que no podía discernir entre acogerse a los tiempos, interpretando el comunicado y la condicionalidad que parecía presentarse, o yéndose de cabeza a luchar o posicionar al menos algunas victorias, jugando contrarreloj. Esto hizo que hubiera ciertas rupturas, que se delimitaran distintas intenciones y que por poco el espacio se rompiera completamente, hasta que, de nuevo, triunfaran dividiendo. El debate se traslapó del cese o no, de la anormalidad o no, de si paro o no, a entender estas diferentes apreciaciones de la acción como mecanismos para garantizar atención y conquistas. De allí que lo elemental no fuese quedarnos en el vaivén de las barricadas, o en choques insensatos entre estudiantes, sino en proponer agendas de movilización y discusión que nos permitieran concretar unos mínimos de victoria, en aras de proyectar el movimiento y, por qué no, ir a los máximos.

Con todo y los acontecimientos penosos de las Asambleas durante la primera semana de anormalidad, al iniciar la segunda semana de movilización, el estamento logró una cohesión mucho mayor, en la que se permitía ver un nuevo escenario en el que aparece de nuevo el movimiento estudiantil, y en que parece enchufarse la Nacho, al rezago de luchas como la de la Universidad Distrital contra un Estatuto represivo auspiciado por la alcaldía Peñalosa en el 2016, o la de la Universidad Pedagógica contra la crisis presupuestal de la Universidad Pública y en apoyo de las luchas adelantadas por los maestros, o la de la Universidad del Tolima que viene de un semestre cancelado, o de la UPTC por la representación estudiantil y el presupuesto, como por la resistencia indígena y campesina en el Cauca, el Chocó, Buenaventura y los distintos sectores sindicales.

Dejando a un lado los viejos sectarismos, las tensiones entre organizaciones, entre organizados y no organizados, entre PEAMAS y regulares, entre el bloqueo y no bloqueo, se ha adelantado la discusión y la agenda de movilización con la participación activa y propositiva de las distintas facultades y se ha logrado concretar un Pliego de seis puntos, entre los que se esbozan garantías para la discusión y participación activa como la Mesa Paritaria y el Encuentro Nacional de Estudiantes; soluciones directas e inamovibles como la detención, eliminación y no tramitación de esta reforma ni de ninguna otra no construida desde espacios democráticos con los distintos estamentos; y garantías académicas para la prolongación, concreción y terminación del semestre actual en los tiempos necesarios.

Este pliego fue radicado el día viernes 12 de mayo en el edificio de la Rectoría, con la esperanza de recibir respuesta el día lunes 15 del mismo mes. Este día, un comunicado de la Rectoría informaba sobre la reunión de rector y vicerrectores que se había presentado al respecto de las situaciones de anormalidad en las Sedes Andinas, en la que se comprometían a convocar una reunión extraordinaria del CSU lo más pronto posible, con el fin de poner a consideración el Pliego. A mitad de semana, mientras permanecían aún bloqueadas las Sedes Andinas y la anormalidad aglomeraba una serie incalculable de manifestaciones artísticas, políticas y culturales, así como de simpatía y buena vibra en los campamentos, y mientras el estudiantado continuaba en la tarea de avanzar con pasos de gigante (porque pudimos ver que, a pesar de todo, seguimos siendo un gigante) en su agenda de movilización para la concreción de garantías y la construcción de la nueva metodología y los mecanismos de acción, la Rectoría comunicaba a los estamentos que el CSU se reuniría el día lunes 22 de mayo, con el fin de discutir y consolidar una decisión al respecto. Las Asambleas corrían en las Facultades y las Sedes y la anormalidad continuaba en la mayoría de los edificios, si bien en algunos sólo de manera simbólica o intermitente.

Después de casi dos largas semanas de movilización, presión, discusión, ejecución y tal vez algo de fricción, al día viernes 19 ya aparecían varios edificios desbloqueados: las Facultades se habían recogido en la Asamblea de Sede del miércoles 17 y, sin entrar en choque, definían sus dinámicas de movilización con respecto a sus condiciones y respetando la autonomía de las Asambleas de Facultad; algunas concertaron en 24 horas, otras en 48, otras en 72. Sin embargo, una noticia prendió las alarmas: se informó por distintos medios que el CSU se encontraba sesionando vía telefónica, por acuerdo entre los integrantes, poniendo como eje una pregunta y era la aprobación o desaprobación de la propuesta de Reforma al Estatuto Estudiantil 044. Por unanimidad, el CSU decide retirar el proyecto de Reforma, a petición expresa del rector, y dejando ver en la redacción una leve amargura y hostilidad contra los mecanismos de presión utilizados.

¿Qué gana la Nacho? Desde un inicio se planteó la premisa de la necesidad de retirar y eliminar la Reforma, por su carácter antidemocrático. Siendo esta la máxima, estuvimos a punto de abocarnos a los mínimos, no desmeritándolos. Ahora bien, esto da muestra de que el problema es estructural, no de forma. Se gana tiempo, tiempo en el que los estamentos deben comprometerse con la construcción de una nueva metodología para sentar las bases sobre las cuales se debe partir para construir democráticamente un Estatuto Estudiantil, que responda a las necesidades actuales en materia de Bienestar, que recoja las distintas consideraciones al respecto de los asuntos disciplinarios, con el fin de estructurar el armazón jurídico y administrativo, con participación activa de los y las estudiantes, para dinamizar los procesos burocráticos y promover un acompañamiento, una representación y una vocería adecuada de quienes son elegidos para representarlos.

¿Qué gana el movimiento estudiantil? Cohesión, fortalecimiento y verraquera. Las experiencias nos han mostrado que nos son asestados profundos golpes cuando son capaces de dividirnos. La privatización y el abandono de la Universidad Pública en Colombia son una realidad latente, que avanza sobre nuestra espalda y que se inserta con la asignación de recursos estampilla y créditos, la transformación en la regulación de los sujetos dentro de las instituciones (ese “cambio ideológico”), los filtros de control y de exclusividad con los que se comportan algunos proyectos de investigación, el desinterés, la degradación de la actividad política; todo esto, responde al reordenamiento del sistema económico mundial alrededor de la desestatización, la privatización de todos los espacios de la vida y la individualización, es decir: la racionalidad de los Chicago Boys. Esto hace necesario la confluencia y la articulación de todas las manifestaciones estudiantiles, para concertar espacios desde los que se pueda hablar con autonomía gremial, con capacidad de orientación y con trabajo de base.

Por último, es menester felicitar a todas y todos los estudiantes que participaron de los espacios asamblearios, poniendo su voz de consenso o de disenso, aportando para la construcción de movilización y agendas conjuntas para exigir respuestas a las autoridades administrativas pertinentes. A todas las Sedes por comprometerse con un tema que nos tocaba a todos como estamento. A todas y todos los que acompañaron los procesos de toma pacífica de las distintas Facultades, de los edificios de Registro y Rectoría y quienes garantizaron de manera oportuna y acertada el Auditorio León de Greiff los días que fue necesario. A quienes cocinaron con nosotros, compartieron sus carpas, ofrecieron cigarrillos, sánduches, chocolate, pan, cobijas, y se comprometieron con llevar de manera responsable estos procesos, evitando deslegitimarlos, nutriéndolos con largas y tensas discusiones nocturnas, con música para ambientar, juegos de mesa, camaradería, y mucha pero mucha disposición. A los profesores y trabajadores por adherirse a nuestra lucha, manifestarse y acompañarnos en la construcción del movimiento.

A quiénes se han opuesto a los bloqueos, a las tomas y los mecanismos de presión, invitarlos a que se acerquen a los espacios, conozcan las propuestas, se movilicen junto a la Universidad y comprendan ya que debemos ir “más allá de los bloqueos”, utilizarlos como trampolín (cuando sean perentorios) para acumular y lograr objetivos gremiales y políticos, como podemos ver hoy. De no ser por la férrea y compleja presión que se inventaron los estudiantes, por su capacidad para apilar una cosa sobre otra, no se habrían nutrido las Asambleas, ni se hubiera incomodado tanto a la gente al punto de que atendieran a la Reforma.

Ahora sólo queda salvar nuestro semestre y ponernos manos a la obra en la construcción de una metodología sensata que dote de insumos la ulterior edificación de un nuevo Estatuto Estudiantil. Esto es, garantizar espacios de discusión a nivel de Sede y a nivel Nacional, desde los que se puedan llevar a cabo propuestas para plasmar, como lo son la Mesa Paritaria y el Encuentro Nacional. Sepamos desde ya, que este es el primer paso, que aún nos queda aliento. Y ojo con la gente, quien pregunte y quien no, a todos digan: la Nacho se pone las pilas.

Dicen que en la “Nacho” hubo una masacre. ¿Qué pasó el 16 de mayo de 1984?

 “Jesús León Patiño, Chucho, estudiaba V semestre de Odontología. Era el vicepresidente de Cooperación Estudiantil y se había ido a Armenia a un encuentro de la Universidad del Quindío. El 11 de mayo se supo que lo habían asesinado. Fernando Sánchez también confirmaba la expulsión de 300 estudiantes de las residencias, tres días después, el 14 de mayo fue asesinado el profesor de la Facultad de Medicina, Luis Armando Muñoz. La situación ya era intolerable. Impotencia, lágrimas, no sólo por Chucho, sino por todo, no aguantaban más, si mataban la Nacional, había que morir defendiéndola, como decían por la época. Esta frase se pondría en práctica unos días después.”

-Fragmento de “ciudad blanca, ciudad de fuego”[1]

Nos encontramos a 33 años de lo que se convirtió en un hito en la historia del movimiento estudiantil, por estos días son pocos quienes recuerdan y conmemoran éste como el día en que las fuerzas armadas mancharon de sangre el campus de la Universidad Nacional, salpicando así la historia de nuestro país.

La Universidad Nacional, conocida popularmente como “la nacho”, está rodeada de cierto misticismo, es difícil recorrer sus caminos y edificios sin imaginar todas cosas que allí han sucedido. “Aquí se han pensado mil revoluciones” comentan los estudiantes mientras departen alrededor de un vino y por qué no, un porrito.

Es triste pensar, mientras se transitan los corredores rodeados de árboles, que este fue el escenario de una masacre como la que ocurrió un 16 de mayo, cuentan diversos textos y relatos que en el momento que el Ejército ingresó al campus se convirtió el recinto académico en un escenario de desolación y muerte. También que mientras algunas estudiantes corrían, eran perseguidas en moto y arrastradas de su cabello por el suelo, incluso varias embarazadas.

La crueldad con la cual se desarrollaron estos hechos lleva a que la cantidad de historias que existen sean muchas, sin embargo algo es cierto y es que “la Nacho” fue víctima de una masacre que cada vez está más cerca del olvido, sin embargo aún se ven conciertos de conmemoración, encuentros de personas que por esas épocas estudiaron en la universidad, algunos eventos y unas paredes que desde su inmovilidad gritan verdades que el movimiento estudiantil se niega a olvidar.

¿Por qué el ingreso del ejercito?

Para esos días el movimiento estudiantil de la nacho se encontraba aglutinado y movilizándose en defensa del bienestar universitario, el cierre del comedor central y de las residencias estudiantiles afectaron bastante a toda la población que dependía, para poder estudiar, de dichos beneficios. El asesinato de Jesús “Chucho” León Patiño fue el catalizador que encausó las rabias ya acumuladas por los estudiantes, ese día se desarrolló un disturbio en que participaron más de 3.000 estudiantes, papas bomba, molotov y piedras, se enfrentaron a la “fuerza disponible” de la policía, que atendía estos casos pues no existía el ESMAD. Al parecer el “tropel” tenía bastante fuerza y hasta disparos se escuchaban, estudiantes heridos de bala eran atendidos en Sociología y un estruendo muy fuerte sonó, dicen que una granada estalló bajo un camión de la policía, y así se recrudeció dicha protesta.

De la entrada de los uniformados al campus existen diversos relatos, todos apuntan a que la carnicería fue desatada mientras los estudiantes que no decidieron dar su vida para contenerlos, corrían hacia algún lugar seguro. La Universidad fue cerrada durante todo un año, quienes provenían de regiones tuvieron que devolverse y buscar trabajos, lo cierto es que luego de aquél fatídico día la nacho dejó de ser la misma, quienes volvieron a estudiar no fueron muchos pues ya no había residencias ni comedor, sólo quedó el recuerdo de los amigos asesinados y desaparecidos, de aquellos que prefirieron dar su vida en defensa de lo que consideraron mejor a largo plazo para el país.

La mochila recomienda, a quienes quieran profundizar en el tema la lectura de dos textos importantes para referirse a dichos hechos:

  1. Ciudad Blanca, ciudad de fuego. De Juan Sebastián Salamanca. Link: http://www.lablaa.org/cronicas-barriales/pdf/ciudad_blanca.pdf
  2. Al calor del tropel. Carlos Medina Gallego. Del cual se lanzó hace poco una nueva edición, aunque el pdf anda por ahí, rotando en las redes.

[1] CIUDAD BLANCA, CIUDAD FUEGO. Juan Sebastián Salamanca Calle (2007)

DEFENDAMOS NUESTRAS FIRMAS, DEFENDAMOS LA DEMOCRACIA

Las y los habitantes de Bogotá hemos visto cómo se deteriora la ciudad, como se está vendiendo de a pocos, en una ciudad que considera a los ciudadanos como simples usuarios que pueden dar ganancias a privados, mas no personas con derechos y necesidades, es evidente que la política que se está adoptando es la de privilegiar los negocios y reducir los derechos al máximo, es por eso que desde la ACEU nos vinculamos desde el comienzo al  proceso de revocatoria del alcalde, porque sus intereses no son los intereses de la mayoría de la gente, porque sabemos que hay una insatisfacción generalizada de la ciudadanía, y esto lo comprobamos con las firmas, donde la gente firmaba con rabia pero con esperanza de poder sacarlo lo antes posible.

Después de un arduo trabajo durante estos 5 meses, sobrepasamos la meta de firmas a recoger, el martes 2 de mayo se realizó una entrega parcial de 700 mil firmas, Bogotá respira un necesario aire de cambio, sin embrago el Consejo Nacional Electoral frena al constituyente primario, queriendo reglamentar los procesos de revocatoria, proponiendo  criterios que tienen que tener los comités que se inscriben en la registraduría, criterios con los cuales actualmente no se cuenta porque nuestros comités se inscriben antes de dicha reglamentación. De fondo lo que se está perpetrando es un ataque directo a los mecanismos de participación establecidos en la constitución, lo cual desdice de la democracia que tiene nuestro país.

Es por esto que la Asociación Colombiana de Estudiantes Universitarios ACEU hace un llamado a todas y todos los estudiantes y a la ciudadanía en general, a defender nuestras firmas, pero más aún a defender la democracia de nuestro país, somos el constituyente primario, somos las fuerzas vivas del país, levantemos nuestra voz de indignación, gritemos no más y exijamos que respeten nuestros derechos, es por esto que nos debemos ver en las calles, ahí es donde las vamos a defender. Este viernes 5 de mayo, mostraremos la fortaleza de los habitantes de Bogotá, en un platón frente al CNE a las 2 de la tarde en donde exigiremos respeto a nuestras firmas y a la democracia del país, salgamos a protestar, porque Bogotá lo necesita, porque somos todos nosotros los que pueden cambiar el rumbo de esto.

#MiFirmaSeRespeta    #GolpeALaDemocracia

21 años de lucha estudiantil en la feria del libro

Así es, el primero de mayo a las 2:00 pm en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, se realizará el lanzamiento del libro “Esbozo para una historia del movimiento estudiantil universitario colombiano: 21 años de lucha, organización y resistencia ante la consolidación del neoliberalismo” escrito por Sebastian Cristancho.

Desde la política de privatización y mercantilización impulsada en los 90’s hasta los debates y argumentos desarrollados por el estudiantado año a año, este libro es un importante aporte al conocimiento de los escenarios construidos y las luchas que se han desarrollado en nombre de la defensa de la educación.

El panel estará acompañado del profesor Miguel Ángel Beltrán, el ex vocero de la MANE Álvaro Forero y el presidente de la Asociación Sindical de Profesores Universitarios (ASPU) Pedro Hernandez.

Por la paz: Educación pública, gratuita y de calidad

La creciente formulación de falsas disyuntivas en el país alrededor de la consecución de los acuerdos de La Habana entre el gobierno Nacional y la insurgencia de las FARC-EP y una política de cambio anticorrupción, ha propiciado un espacio de especulación e incoherencia en algunas de las fuerzas políticas que hacen presencia en nuestro país, teniendo una gran resonancia en la configuración del debate sobre el futuro de la educación y el movimiento estudiantil por la PAZ.

Y es que se olvidaría, por algunos sectores de la sociedad, que la necesidad de poner fin al conflicto armado con las FARC, debía propender a intentar frenar algunos de los factores que dieron origen a éste mismo, y estructurar (no en su totalidad) un enramado político jurídico que solucionara aspectos que limitaban la participación y el desarrollo de los pobladores más desfavorecidos de nuestro territorio. Sin embargo, pretender desde la pasividad defender la actual aprobación de los acuerdos que se hace por medio del Congreso de la República podría presentarse aún más incoherente, y una manera sórdida con que se aprueba por parte del gobierno cambios a los acuerdos como sucedió con la Jurisdicción especial para la paz (JEP), su controvertida intención de establecer una protección especial a civiles involucrados en el conflicto o la controversial Responsabilidad de Mando (RdM) en donde en aras de formular una propuesta que generara mayor aceptabilidad por los militares implicados en el conflicto estableció lo que podría ser una inestabilidad jurídica para éste punto de los acuerdos frente a la CPI, o la manera como se pretendía presentar la política educativa del gobierno nacional, el SNET por medio del Fast Track acordado para los acuerdos de La Habana.

No podrá entenderse como contrario la actual batalla por la defensa de lo acordado entre el gobierno nacional y la insurgencia, así como la defensa de la mesa de negociación con el ELN, a la lucha por una educación pública gratuita y de calidad, ni podrá tratar de priorizarse la una sobre la otra en momentos en que es necesario un sujeto integral capaz de formular una hoja de ruta para los cambios necesarios en nuestro país, que hacen indispensable una actitud activa y una discusión en aras de fortalecer y fecundar el movimiento estudiantil para la paz, que atraviesa hoy más que nunca por derrotar la política de austeridad del gobierno nacional frente a la crisis financiera de nuestras instituciones, de gobernabilidad y autonomía; un caballo de batalla que requiere reagrupar al entero del estudiantado capaz de generar propuesta hacia el nuevo país que queremos construir.

Sin angustias ni diatribas debe seguir consolidándose el movimiento estudiantil por la paz, un cúmulo de esfuerzos para hacer posible hoy el sueño de construir una Colombia en paz que formule los cambios necesarios que nuestro país necesita, teniendo como herramienta necesaria los acuerdos que se presentaron al país, como una deuda histórica para con gran parte de la población de nuestro territorio, y ser un bastión y punto de partida en la batalla de ideas, sin ambivalencias por hacer respetar lo pactado y contra una política que mercantilice aún más la educación en nuestro país, hoy y siempre #AbrazaLaPAZ.

UPTC:  Un escenario electoral entre cortinas de humo

El alma mater por excelencia de los boyacenses, la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia – UPTC realizará la elección a la representación estudiantil por el Consejo Superior Universitario y el Consejo Académico este viernes 31 de marzo y sábado 1 de abril. 

Rayón encontrado en la universidad.

Se acerca, nuevamente, la elección a las representaciones estudiantiles del  Consejo Superior Universitario y el Consejo Académico en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia – UPTC. La jornada se realizará por el mecanismo tradicional de la papeleta en las instalaciones de la Institución, este viernes 31 de marzo y el sábado 1 de Abril.

En el desarrollo de las elecciones estudiantiles, causa extraña curiosidad los diversos hechos que, al paso del tiempo, se han naturalizado en los ejercicios de campaña de la UPTC, ejemplo, la estigmatización, el uso de la violencia, los ataques por redes sociales por medio de perfiles de dudosa procedencia, entre otros, que en definitiva enmarcan una guerra sucia por la búsqueda de una sola voz en el espacio máximo de gobierno y dirección de la Universidad. Lo anterior, denota el indecoro y la astucia de algunos sectores para lograr a como dé lugar el objetivo de ganar, en especial, la cereza del pastel, la representación al Consejo Superior Universitario. El CSU es espacio que como consagra la ley 30 de 1992, cuenta con nueve miembros entre los cuales, sólo 2 corresponden a los estamentos universitarios, estos directamente son  la representación de profesores y estudiantes. Por lo que se puede deducir que hay una mayoría definitoria que no siente ni reconoce el seno de la universidad, sus realidades y necesidades

Creativa respuesta por parte de la campaña estudiantil “La UPTC que queremos”

¿Qué entra en juego en las elecciones de la UPTC?

Las dinámicas de la universidad no son ajenas a las realidades que se vive como sociedad, diversos actores políticos, pocos  niveles de consecuencia, la mayoría inconsecuencia, los mismos juegos electorales, predominancia de lo individual sobre lo colectivo y donde la inmersión de la corrupción es clara. Según el Índice de Transparencia Nacional 2013-2014 revelado en el 2016, se señala que las Instituciones Públicas de la Educación Superior se encuentran en un nivel medio de corrupción en un 40 % y de Alto riesgo en un 65%, indiscretamente, la UPTC entra en el top 10 de Universidades con altos índices de corrupción, según Revista Semana.

Además, la UPTC representa un prepuesto equiparable con el de la Ciudad de Tunja, lo cual, representa para algunos sectores una buena parte del pastel, sin mayor control por los órganos pertinentes. Es así como los entes de dirección de las universidades se convirtieron en un terreno de la disputa política, no sólo para el caso de la UPTC, Revista Semana señala textualmente:

“Para tomarse el control de las universidades, los políticos, profesores o contratistas luchan por tener el manejo de los Consejos Superiores Universitarios, pues son los encargados de nombrar los rectores. En casi todas las instituciones de educación superior, los consejos están conformados por nueve delegados (…) En teoría, esa estructura debería asegurar cierta pluralidad e independencia, pero la realidad es distinta: muchos delegados terminan capturados por los gamonales y por quienes ya detentan el poder.

El método predominante para garantizar el control de la universidad es, además de tomarse el Consejo, cambiar las reglas de juego antes de cada elección de rector, amparado en la autonomía universitaria y en el poder casi absoluto del consejo. Así se garantiza la permanencia de un rector o se asegura que un solo candidato cumpla los requisitos de una elección. Un ejemplo es la UPTC. En medio de protestas estudiantiles, el pasado noviembre 2014 el Consejo cambió un artículo que permitió la reelección de Gustavo Orlando Álvarez. El delegado del gobierno nacional terminó por abstenerse, pues dijo que de lo contrario habría incurrido en un prevaricato.”[1]

Estos párrafos enmarcan un pleno ejemplo de la importancia de una voz y un voto en el Consejo Superior que sumen en la ganancia del terreno político de los sectores políticos que se disputan la conducción de la universidad, el departamento, el país, en pocas palabras son los que coloquialmente se les ha llamado “los mismos de siempre”. No es raro que para estas fechas aumente la guerra sucia, el señalamiento de campaña a campaña, la culpabilidad a la plancha que represente más peligro de victoria.

Lo insoportable y lamentable es que a un espacio académico donde ha de predominar la investigación, la generación de conocimiento, la apuesta por las nuevas formas y las nuevas ideas se consolide como el fortín para quienes piensan de una u otra forma dar pasos para conquistar el negocio educativo y concluir su privatización, escenario no lejano con las actuales reformas sistemáticas y progresivas a la educación, ejemplo, Sistema Nacional de Educación Terciaria.

Sin embargo, la actual coyuntura de la universidad sólo representa la punta del iceberg de las diferentes problemáticas de una universidad en crisis, las elecciones parecen una cortina de humo para ignorar realmente los problemas estructurales de nuestra universidad y fomentar un espíritu de apatía en ellas, en especial, en la organización y movilización de los estudiantes desde sus programas, facultades, seccionales y en general, generando ruptura y abismos en la unidad de una misma universidad.

La respuesta de la mayoría de los estudiantes no debe ser ignorar la importancia de este espacio, al contrario, acercarse, ser críticos de la realidad, sumarse colectivamente a una propuesta diferente que marque verdaderamente la diferencia, que respete el debate de las ideas. Apostarle a la organización de los estudiantes, su movilización con los demás estamentos y defender el carácter público, laico y autónomo de la Universidad; esto sólo será posible en la medida que las representaciones sean voces colectivas y fomenten el sentir de la comunidad para que desde nuestras fortalezas y debilidades construyamos la UPTC que queremos.

[1]Universidades: una crisis a punto de explotar. Revista Semana. 2014

 http://www.semana.com/nacion/articulo/universidades-una-crisis-punto-de-explotar/411398-3